domingo, 18 de mayo de 2014

Me has hecho primavera

Me has deshojado entera
en esta batalla de te quieros,
y me han crecido nuevas hojas, 
me has renovado desde dentro.

Me has hecho un sitio en el año,
me has florecido el invierno.
Me envidian las amapolas,
dicen que les he quitado su hueco.

Me he dejado ganar, 
me han vencido tus besos,
me he tirado al suelo,
he echado raíces
y me han crecido pétalos.

Me ha mecido tu brisa,
eres mi soplo de aire fresco.
Me ha regado tu risa, 
mis flores han ido creciendo.

Me has convertido entera
en una estación del año,
me has llenado de colores:


















miércoles, 14 de mayo de 2014

Oda a la primavera número 435

He visto las flores más bonitas de Madrid
querer morirse por un beso tuyo.
Las vi marchitarse una tarde de abril
en aquel remoto día uno.
Las flores eran tan suaves como los senos
de una púbere absorta.
Ahora su olor queda muy lejos
y me trae recuerdos a la memoria.
He visto las flores más bonitas de Madrid
querer morirse por tu mirada.
Las vi secarse como si fuera junio
mas sin embargo no era verano.
Ahora su aroma se ha marchado
y el aire que respiro me llena de oxígeno.
He visto las flores más bonitas de Madrid
querer morirse por un beso tuyo.
He visto cómo te marchabas por la puerta
sin decir adiós a tu ramo de flores.
Te he visto abandonarte en tu hoguera
e irte sin aprovechar tus dones.

martes, 6 de mayo de 2014

Azul

Eran las 16:24 cuando entablé conversación con el hombre del metro. Vestía pantalones chinos azul marino con un claro desgaste, un polo rojo deportivo y unos zapatos viejos de color negro que parecían haber sido elegantes en su día. Su pelo era blanquecino, aunque tenía más bien poco. Por su parte, en su expresión había cierto aire de enfado, asco y sorpresa. Antes de que molestarle hablándole se encontraba haciendo un pasatiempo en una revista de las que incluyen sopas de letras y sudokus. Al tener el cuaderno cerca de la cara, se podían ver sus manos que eran asombrosamente juveniles. Sin embargo, sus uñas eran amarillentas y carcomidas. A su lado llevaba un carro con cajas de madera, atadas a éste mediante una cuerda verde. Cuando menos me lo esperaba, pegó un grito al aire:

- ¡Joder! ¿Esto qué es?- Y siguió resolviendo el autodefinido.

Cada vez se subía más gente al metro. A mi lado izquierdo tenía una mujer que llevaba un cuaderno semejante al del señor del metro. También había una mujer con los ojos vidriosos, otra que miraba el móvil y una mujer mayor a la que no cedí el asiento. Otra mujer me miraba quisquillosa. Sus ojos eran bonitos, de un tono verdoso profundo. No sé por qué me miraría, pero yo empecé a imaginarme su vida. De hecho, empecé a imaginarme la vida de todas las personas de mi vagón. Imaginaba que la mujer de los ojos vidriosos lloraba por dentro, asqueada por su trabajo. Seguro que tenía hijos y un marido al que no quería. Por su parte, la mujer que resolvía sudokus a mi lado era una ejecutiva de bajo standing que tenía que viajar en transporte público para llegar a fin de mes. La chica que miraba el móvil estaba discutiendo con su pareja. Estoy seguro. Y la mujer que me miraba veía en mi un parecido con un familiar. Seguro que ella también empezó a imaginar mi vida.

Sin embargo, del hombre del metro con el que entablé conversación no me hizo falta imaginar su vida, pues ya la conocía. El hombre del metro con el que entablé conversación era un fantasma. Sí, eso es, no podía ser otra cosa. Yo lo sabía. Nada más verle lo supe. Su vida diaria consistía en asustar niños, en ahuyentar los habitantes de las casas, en definitiva, hacer todo lo que hacía un fantasma. El señor del metro con el que entablé conversación estaba muerto. Estoy seguro.

Eran las 16:24 cuando me bajé del metro y me choqué con un hombre que iba haciendo autodefinidos. Fue entonces cuando entablé conversación con él.

-Disculpe- Le dije.

Y sonrió.

Oda a la primavera II

Ya puedo oler las flores,
estuve tiempo sin olerlas.
Su aroma, un eco
Su color, la belleza.
Veo venir las mariposas
a apoyarse en mi ventana.
Su aleteo, una danza
Su sombra, el deseo.
Mis delirios se olvidaron
en un momento como éste.
Los sueños, mi inconsciente
Los recuerdos, mis razones.
Veo volar las cenizas de mi incienso
hace tiempo que no las veía.
El humo, mis sombras
El polvo, la vida.
El Sol me calienta las entrañas
que estaban frías hace unos días.
Su luz, mi tiempo
Y su calor, una suave melodía.

lunes, 28 de abril de 2014

Díselo tú que yo me voy.

No amar
debe ser
como estar en Pompeya
cuando estalló el Besubio y no tener a quién salvar,
como que llegue el Verano
y no tener rutina de la que huir,
ni guarida a la que llegar,
ni despedidas antes de marcharte.

Como una infancia sin familia,
un amanecer sin sol
o una cama sin sábanas.

Lo que quiero que hagas
cuando no tengas hogar que dejar atrás,
es agarrarle la mano al primero que veas
y decirle que no está solo.

Pasarán dos cosas,
podrá mirarte como si estuvieras loca
o quizás se enamore,
aunque no se dé cuenta
de que tú
nunca podrás enamorarte
porque nunca has tenido rutina
ni hogar.

Ni escombros de los que salir
ni ruinas que reconstruir.

Debe de ser horrible no tener ruinas...
no sentirte arrasado por el huracán que se desata en un beso.

Dos lenguas asediando una boca ajena
hasta la muerte,
del beso digo.

Podría decirte que siempre hago lo correcto,
pero tendría que beberme mi copa, la tuya y la de todos mis compañeros
pero la mía primero.

No creo en Dios,
pero creo que deberíamos ir al aeropuerto,
para aplaudir a los que ya han tenido el valor de marcharse.

El valor de marcharse...
algún día lo encontraré,
y cuando me marche...
Cuando me marche díselo,
cuéntaselo todo.

Dile que fui yo,
la que tiro la piedra y escondió la mano.

Que fui yo quien le hizo no mirar atrás,
y por eso no pudo ver como me marchaba.

Dile que fui yo
quien nunca se rindió al capricho del amor,
que fui yo la que se arranco la flecha cuando ya se me había hundido en el pecho,
dile, que nunca encontré la punta,
que la carne se curó y la piel se cerró encima.

Dile que tuve el valor de marcharme
con la punta de flecha clavándose más en mi a cada paso que me alejaba.

Dile, a aquel desconocido,
 que le he soltado la mano
pero sigo caminando...

Has roto mi brújula, te señala a ti

Hoy ha salido el sol por el oeste,
le he visto tapar a las nubes,
ha nublado todo con su luz.

Hoy la luna ha eclipsado la noche,
ha llovido desde el suelo
y ha mojado todo el cielo.

Hoy me he caído del techo,
me he despertado en la cama,
con la cabeza en los pies
y los pies en la almohada.

Y ya no sé si soy tú
o eres yo,
pero me has cambiado todo,
y no encuentro nada en ningún cajón.

Hoy ha salido el sol por el oeste
porque te has despertado a mi derecha
y yo he perdido el norte.

domingo, 27 de abril de 2014

Sabina me ha robado a mí el mes de Abril

 Hola,
qué tal,
he pasado por aquí 
para describir
mi ajena metamorfosis. 

hay inviernos por encima de nuestras 
manos, 
y manos por encima de nosotros. 
en este juego de caricias perdimos,
porque ganar significaba caer por un   precipicio sin principio. 

Os hablo, permítanme:
Del día que me arrancaron las plumas
y me dejaron unas flacas alas invertebradas;
desde entonces volar es de suicidas o cómo experimentar libres caídas. 


Fue una noche cualquiera,
quizá de Mayo,
quizá por Tribunal,
estaba frente
poetisas que son más putas que las propias musas.  

Unas cualquieras que vivían por fuera 
creyéndose indestructibles,
 y por dentro tan rotas, 
que ni el mejor músico re-componerlas podría.

Puta vida y puta soledad, me decía.

La mía, la soledad digo,
que está al fondo de una copa de champagne,
con anillos de plata y algún que otro "para(hasta)-siempre".

Deshojando rosas rojas en vez de margaritas;

"Me quiere o me quiso" 
ahora no lo recuerdo,
que alguien te quiera puede estar bien;
que alguien te haya querido,
eso, no sirve absolutamente para nada. 

Sólo para metamorfosear
para bien o para mal,
o únicamente 
para no dejar de beber en este bar.